Minerva Semanal
![]() Revista del Portfolio de aprendizaje I.E.S. "Pedro Jiménez Montoya" Baza (Granada) |
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Artículos de opinión sobre el tópico del "carpe diem" "En tanto que de rosa y azucena". Un soneto de Garcilaso
Alumnos de 1º BCN A
Percepción y realidad Percepción y realidad Percepción y realidad El culto excesivo al cuerpo "Mens sana in corpore sano"
Hoy en día el tema más importante para los jóvenes es la belleza y la juventud. Igual que en el poema de Garcilso “En tanto que de rosa y azucena”. En este poema lo que mas llama la atención es la belleza y la juventud de la protagonista, pero si estudias el poema con detenimiento te das cuenta de que este habla también de que esa belleza y esa juventud acabarán algún día. Pero como bien nos dice el “Carpe diem” hay que vivir la vida, por eso la felicidad no acaba con la juventud, sino que después de esta etapa hay otras en las que no hay juventud y sin embargo existe otro tipo de belleza y se puede ser igual de feliz que en la etapa anterior. Algo importante también es el excesivo culto al cuerpo. Los jóvenes de hoy en día nos preocupamos demasiado por tener un cuerpo bonito y nos llegamos a obsesionar con eso. Y no nos damos cuenta de que hay cosas más importantes como tu familia, tus amigos y el cariño de toda la gente que te rodea. Cuando la obsesión es muy grande, algunas veces surgen, problemas alimenticios como la anorexia o la bulimia. Cuidarse es importante al igual que tener una buena alimentación el problema es que mucha gente relaciona esto con no comer y ahí es cuando aparece el problema porque la solución no es no comer, sino comer lo necesario para tu cuerpo tener una vida saludable y hacer algo de ejercicio. Aunque estos problemas realmente no sen culpa nuestra porque estamos acostumbrados a ver por la televisión a modelos muy delgadas además de que nos bombardean con anuncios de productos adelgazantes y de productos para conseguir un cuerpo 10.
Para los jóvenes de hoy en día lo más importante es tener un cuerpo y una figura perfecta para poder sentirse más felices. Pero ¿y las personas mayores que ya no tienen ese cuerpo? ¿Ya no pueden ser felices? Hoy en día las modas y demás están introduciendo en la mentalidad de los jóvenes un estereotipo de belleza que ni las musas griegas la podrían tener. Esta obsesión por el cuerpo conduce a muchos trastornos y a pensar sólo en el cuerpo sin pensar en el interior. Pero lo importante no es el cuerpo sino el interior. Con el tiempo todos nos volvemos viejos y arrugados y todo lo que hemos conseguido con nuestro cuerpo al final no sirve de nada. Por eso lo importante no es fijarse en el exterior de las personas, si es guapo o guapa, si tiene buen cuerpo o si viste bien o mal. En eso no hay que fijarse porque con el tiempo cambia, en lo que hay que fijarse es en el interior de las personas, porque es lo que nunca cambia y siempre va a estar ahí. Sergio Hernández Navarro
__________________________________ Hubo un tiempo en el que mi abuela era cortejada por los caballeros del pueblo. Era un tiempo del que no albergo recuerdo alguno y me gusta imaginarlo pues las historias de mi abuela me transportan hasta los años de su juventud. De vez en cuando dejaba suelto su cabello con aquellos rizos negros que le gustaba enroscar, sus ojos marrones se hacían de un color mas intenso en la oscuridad, hoy en día me detienen al mirarme, son algunos los que afirman que heredé su mirar. Preciosa, la contemplo en fotos y recuerdo cada una de sus palabras. Ya pasados unos años, nos situamos en la sociedad actual en la que hemos obtenido grandes logros informáticos y científicos, pero, si lo pensamos, hemos perdido la razón, nos comportamos como robots diseñados para amar y apenas distinguimos cuán bella puede ser una persona en su interior. Creemos sentirnos atraídos por simples rasgos superficiales, un exterior que nuestros ojos difuminan para ver tan sólo lo que desean ver. Ya dijo Platón que, “la belleza es difícil “y aún seguimos sin poder comprenderlo. ¿Cuándo saber si alguien o algo es bello o no? ¿Cuándo poder referirnos a ello como tal? Preguntas relativas y muy desconcertantes para el ser humano. En este artículo no quiero mostrar las respuestas a lo que acabamos de formular ni tampoco definir el término que llevamos nombrando hasta ahora, tan sólo destapar el error que decimos, pensamos y vivimos, cada día. La belleza es efímera, cierto día podemos despertar y pensar que ya ni exista. Es complicada, a la misma vez, ya que no abarca solo características visibles, sino que también esta formada por las virtudes exclusivas de cada individuo. Describir, el aire misterioso de esa dama morena, el valor y espíritu aventurero de aquellos ojos verdes, la paz y tranquilidad de aquellos azules, son muestras de la relación que acabamos de decir. Acaso, ¿nunca han visto el verde de la naturaleza, o la hermosa nieve caer o el reflejo del agua resbalar? Distintos tipos de belleza a los que indiferentes dejamos escapar como oportunidad en la vida que vuela buscando un nuevo final. El beso apasionado de unos jóvenes, la caricia de un marido que vuelve a casa, el abrazo de la amistad, las manos unidas de nuestros abuelos, el mecer a un bebé en tus brazos, sí, son distintas etapas y desde la primera a la última podemos estar orgullosos de decir que son los más bellos momentos que nos hayan podido pasar. Caminado íbamos las dos, me siguen gustando sus historias y escucharla hablar sobre su juventud. Al vernos pasar, un hombre nos paró (me pareció que fuese aquel caballero que le regala una rosa cada viernes) y muy educado nos saludó. A mi abuela le dijo lo guapa que estaba desde la última vez que la vio, luego dirigiéndose a mí, me miró. Le dijo “que hija mas guapa que tienes” y riéndonos le respondimos con educación que con 16 años, era su nieta mas pequeña. Me llamó bella y yo le pregunté “¿cómo puede saberlo? “, él respondió “Por tus ojos niña bella, tu mirar me lo contó”.
Ana Pérez Pérez 1º Bachiller A
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Percepción y realidad
Desde los años 80 del siglo pasado, la belleza y la salud han dejado de ser un medio para convertirse en un fin en sí mismos. La mayoría de las personas sufren una gran presión mediática y social para conseguir un cuerpo bello, delgado y joven, el tan deseado cuerpo 10. Además, estar sano ya no es un deseo y una aspiración natural de toda persona, sino una especie de tiranía que ha convertido la salud en un deber que, según la industria del bienestar, sólo podemos satisfacer mediante el consumo de determinados productos y servicios comerciales. Se ha impuesto la delgadez (incluso extrema) como canon de belleza, con la consiguiente explosión de dietas milagrosas y la expansión de los alimentos light, la extensión de la cirugía estética a clases sociales a las que antes estaba vedada, la apología del ejercicio físico, y el florecimiento de los gimnasios, spas, balnearios. El lenguaje y la publicidad son el método para persuadir a la sociedad para atraerla al culto al cuerpo. Sin el lenguaje, todo este negocio de la salud y la belleza carecería de su mejor aliado. Este vasto fenómeno de culto a la salud y la belleza se manifiesta en la publicidad y etiquetado alimentario, la propaganda del bienestar de spas y balnearios, el lenguaje de algunas de las llamadas terapias alternativas, los mensajes de las dietas de adelgazamiento milagrosas, las revistas de salud y belleza, y la publicidad pseudomédica de la cosmética el lenguaje alarmista de las falsas enfermedades creadas con intereses comerciales por los laboratorios farmacéuticos. Ya a principios de los años 90, poco después de iniciarse la expansión del culto al cuerpo, se publicaron algunos libros que criticaban e intentaban combatir este fenómeno social. Entre ellos, destaca El mito de la belleza (1991), de la feminista Naomi Wolf, que lleva el significativo subtítulo de Cómo las imágenes de la belleza se usan contra las mujeres. Wolf sostiene que el concepto de belleza es un arma para que la mujer se sienta mal consigo misma. La belleza que la publicidad presenta como fácil de lograr es en realidad una meta casi siempre imposible y frustrante. Las fotos de mujeres que salen en revistas de moda, por ejemplo, son modificadas para conseguir una imagen absolutamente perfecta, ya que en realidad esas mujeres, son muy guapas pero no perfectas. En esa falsa promesa de belleza, delgadez y juventud que obliga a estar continuamente a dieta y bajo tratamientos estéticos, radica el gran negocio del culto al cuerpo.
JUAN MARTÍNEZ CASTILLO
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MENS SANE IN CORPORE SANE Si tú te pararas a hablar con un joven y le preguntaras: “¿qué es el Carpe Diem?” seguramente te contestaría que le suena de haberlo oído, que es el nombre de alguna discoteca… otros, por contra te dirían que no entienden latín ni “rollos” de ésos. Verdaderamente el “Carpe Diem” es una forma de ver la vida que ha existido desde hace siglos (desde los poetas latinos, escritores renacentistas como Garcilaso de la Vega…) y que se ha extendido a muchas áreas. En la actualidad, han cobrado mucha importancia tópicos como el mencionado anteriormente o como el “Tempus Fugit”: vivimos en una sociedad “estresada”, globalizada y obsesionada por la belleza, pero sólo la belleza exterior. Los jóvenes viven muy preocupados por ser perfectos dioses con la cabeza hueca. Según sus ideas, el culto al cuerpo es lo más importante en sus vidas, la mente es lo de menos. Si nos tomáramos unos minutos, de esos que dice Garcilaso pasan tan deprisa, y diéramos un paseo por las calles de una gran ciudad nos asombraríamos de lo que podemos descubrir: la mayoría de las personas a las que vemos seguramente son espectaculares físicamente, pero si les planteamos algunas preguntas no digo ya de física, filosofía, química, matemáticas… sino preguntas de sentido común que cualquiera sabría responder. Cualquiera que no está obsesionado con ser perfecto sólo físicamente y que se preocupa también por no darle vacaciones a sus neuronas. El “Carpe Diem” no es sinónimo de “libre albedrío” o eso creo yo porque se puede disfrutar de la vida y del momento sin llegar al desenfreno. A esos jóvenes “dioses cabezas huecas” les pediría que hablasen con sus abuelos, las personas que más nos pueden enseñar. Son nuestro reflejo futuro ya que (“por no hacer mudanza de costumbre”) sin remedio el tiempo es “despiadado” con todos, pero lo importante es asumirlo y saber disfrutar de las pequeñas cosas de la vida. Si estos jóvenes se sentaran enfrente de sus mayores muchos dioses se vendrían abajo y perderían la fe: la realidad no es más que esa, los músculos se tornarán en piel débil y flácida, la tez tersa se convertirá en arrugas y la ropa, perfumes, joyas… no podrán enmascararla. No se trata sólo de mirar como la hacemos la mayoría de personas, sino de ver y percibir la realidad. Donde un joven ve a un simple “trozo de carne” seguro que detrás de esa “fachada” hay una joven con muchas lecciones que dar. Me gustaría que el joven pudiera adelantar el tiempo y viajar a épocas futuras y ver cómo sería él con ochenta años y como sería el “trozo de carne” con la misma edad. Yo creo que lo que vería sería a un ser demacrado por el “tiempo airado”, un ser carente de alegría ya que esta se fue con el paso del tiempo; la “joven” en cambio seguramente también exteriormente no sería todo lo lozana que fue antaño pero viviría feliz ya que aunque su cuerpo se marchite su alma y mente no lo harán nunca. El “Carpe Diem” en mi opinión debería sustituirse por el “mens sana in corpore sano” y encontrar así un equilibrio que posibilite la felicidad: felicidad interna y externa. Sería bueno que alguien inventara espejos que permitan vernos física y mentalmente dentro de unos años, muchos “dioses” se bajarían de su pedestal y se toparían con la realidad de la vida. María Ángeles Peláez Vico
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Curso 2008-2009
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